
En la región amazónica brasileña de Carajás, en el estado de Pará, la Cooperativa Central CUIA está transformando los desechos de la producción de jugos de frutas en fertilizantes orgánicos. Este enfoque innovador convierte lo que antes era una carga ambiental en un recurso valioso para los agricultores. Al hacerlo, promueve una transición hacia la agricultura ecológica, reduce los costos de producción, aumenta la productividad y fortalece la autonomía y la resiliencia locales.
La Central de Cooperativas de Agricultura Familiar de la Región Amazónica (CUIA) es una cooperativa de segundo grado fundada en 2018 y con sede en Parauapebas, Pará. Hoy en día, agrupa a 10 cooperativas y aproximadamente 800 familias rurales, cuya producción abastece principalmente el consumo alimentario regional.
CUIA y sus cooperativas forman parte de REDES, un programa desarrollado por DGRV e implementado en alianza con el Sistema OCB en Pará. A través de servicios de asesoría y capacitación, REDES fortalece la organización cooperativa, mejora los procesos productivos y amplía el acceso a mercados. Este apoyo ayuda a los agricultores a mejorar su calidad de vida y a prepararse para un crecimiento sostenible tanto en la calidad como en la cantidad de sus productos.
La pulpa de fruta congelada es un producto común en la región amazónica. Sin embargo, este proceso deja residuos como cáscaras, semillas y otras partes no utilizadas. Tras un análisis cuidadoso, se comprobó que estos restos son altamente adecuados para producir fertilizantes orgánicos.
El uso de estos residuos no solo reduce costos, sino que también fortalece la agricultura agroecológica y aporta beneficios ambientales y de seguridad alimentaria. Los fertilizantes a base de compost mejoran la salud del suelo, reducen las emisiones de gases de efecto invernadero y optimizan la estructura del suelo, aumentando la retención de agua y disminuyendo la necesidad de riego.
Para demostrar la eficacia del producto, DGRV lanzó una parcela piloto y organizó un taller con los líderes cooperativos de CUIA. El objetivo fue capacitarlos para fomentar la adopción gradual de fertilizantes orgánicos en la producción de alimentos, ya que esta transición requiere que los agricultores comprendan su uso.

En el último trimestre de 2025 comenzó la construcción de una pequeña planta dedicada a la producción y envasado de fertilizantes orgánicos. Para el primer semestre de 2026, la meta es comercializar el producto tanto a las cooperativas de CUIA y agricultores asociados, como a toda la región.
Esta iniciativa demuestra cómo los residuos y las cargas ambientales pueden transformarse en soluciones valiosas, impulsando la transición hacia una agricultura agroecológica que cuide la tierra, empodere a las comunidades y genere beneficios duraderos para la región y el planeta.
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